JEAN-NICOLAS BEUZE

Contribuyó a the globe and mail

Publicado el 11 de julio de 2018. úlitma modificación el 11 de julio de 2018

 

Jean-Nicolas Beuze es el represéntate en Canadá del ACNUR, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados.

El último mes ha sido abrumador y profundamente preocupante para cualquiera que le importe los derechos humanos básicos de aquellos en búsqueda de protección de la violencia y la persecución. Aquí, en Canadá, ha habido poca discusión sobre el por qué estas personas están escapando de sus hogares con sus hijos y lo poco que se puedan llevar con ellos.

Algunas perspectivas fueron compartidas con los canadienses en Toronto y Ottawa el mes pasado en eventos públicos y con oficiales del gobierno por un grupo de valientes defensores de derechos humanos de Centroamérica.  Hablaron sobre la constante violencia que se ha generalizado a causa de las pandillas criminales, la cual muchas veces está dirigida hacia mujeres y niños: asesinatos y amenazas de muerte, extorsión, violaciones, violencia doméstica, secuestros y desapariciones. Hubo un caso de un niño pequeño, lleno de ira, que llegó desde Honduras a el albergue de Casa Alianza en la Ciudad de México. Antonia Rodriguez, una gerente ahí, comentó que tras la muerte de los padres del pequeño a causa de pandillas, su abuela lo envió, por su cuenta, hacia el norte en exilio, suplicándole que nunca regrese a casa porque es demasiado peligroso.

Claudia Samaoa, una activista por derechos humanos de Guatemala, explicó porque los intentos de disuadir a las personas para huir hacia el norte están descarrilados y no tendrán efecto alguno: “83 por ciento de las personas desplazadas de Centro América son víctimas de violencia. Son refugiados, y el hecho es que no pueden regresar por el ciclo de violencia, corrupción e impunidad. Están escapando para salvar sus vidas.”

Cuando mi agencia, el ACNUR, recientemente entrevisto a mujeres en El Salvador, Honduras y Guatemala, encontramos que el 85 por ciento de aquellas con quién hablamos reportan haber vivido en una colonia controlada por grupos criminales violentos. Estas mujeres hablaron sobre las instancias prolongadas de violencia doméstica física, sexual y psicológica, y la incapacidad de las autoridades para brindar ayuda. La mayoría de las mujeres buscaron protección primero en sus países de origen, y escaparon al exilio una vez que no se consiguió.

El día de hoy, estas mujeres son parte de un desplazamiento sin precedentes en la región: más de 294,000 refugiados y solicitantes de asilo han sido registrados, un incremento de un 58 por ciento en sólo un año. Desde entonces, niños, niñas y adolescentes no acompañados y separados que escapan del norte de Centroamérica se ha duplicado cada año.

Hay países en la región – países de tránsito y destino – que se han comprometido a proteger a los refugiados. Desde Panamá hasta México, ellos han abierto albergues, han puesto a niños y niñas en escuelas y creado oportunidades de sustento para sus padres. Los países de origen también se han comprometido para actuar sobre la raíz del desplazamiento al incrementar la seguridad de sus ciudadanos. Ningún país puede hacer esto por su cuenta. Cooperación regional y responsabilidad compartida unidas son el mejor camino para generar historias de éxito de estas tragedias.

Canadá ha sido activo en el fortalecimiento del Sistema de albergues en México al proporcionar capacitaciones de alto nivel para los mediadores de refugiados, y acaba de firmar un pacto de colaboración similar con Consta Rica. Estas mujeres y niños dejarían de escapar si les dan protección en países vecinos. No habría necesidad de que ellos tomen riesgos de ser explotados sexualmente o traficados para llegar a Estados Unidos. Podrían dejar de escapar mucho antes y reconstruir sus vidas.

Estas iniciativas resaltan que las mejores soluciones para la protección son aquellas construidas dentro de la región. El ACNUR trabaja con socios en países como México y Costa Rica para proteger a los refugiados, pero también les proporciona oportunidades económicas y de integración en comunidades locales. Una aproximación regional, incluyendo los países de origen, tránsito y destino, es necesaria para abordar los grandes números de personas desplazadas.

Con su Política Feminista de Asistencia Internacional, Canadá tiene una gran oportunidad para tomar liderazgo proporcionando soporte técnico y financiero, como la mayor parte de los proyectos se enfocan en mujeres y niños, así como individuos de la comunidad LGBTQ y refugiados. Los canadienses también pueden contribuir con el ACNUR y los proyectos de nuestros socios.

Finalmente, algunos refugiados quizás requieran una solución aquí, en Canadá. El reasentamiento es una de las muchas fortalezas de este país, dado que ofrece una alternativa para los refugiados más vulnerables cuando todas las puertas son cerradas. Activistas de los derechos de las mujeres, líderes indígenas, individuos LGBTQ y aquellos que han luchado para que las pandillas sean llevadas a la justicia, pueden encontrar a Canadá como la única verdadera solución a sus dificultades.

Las soluciones existen, y Canadá tiene un rol a seguir. Las historias de Samayoa y Rodriguez son un testamento del coraje y la residencia de aquellos que trabajan duro para proteger. No hay que dejar solos a nuestros vecinos en los tiempos de necesidad urgente.

Traducción por: Fundación Casa Alianza México.

 Texto original tomado de:

Jean-Nicolas Beuze. (11 de julio de 2018). We can help Central American refugees through regional protections. The Globe and Mail: https://www.theglobeandmail.com/opinion/article-we-can-help-central-american-reugees-through-regional-protections/

 

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